Libros sobre Running: “De que Hablo cuando Hablo de Correr”

“At least, he never walked”

De que Hablo cuando Hablo de Correr“, de Haruki Murakami, “Correr“, de Jean Echenoz y “Running, a Global History“, de Thor Gotaas, son tres de los mejores libros sobre running que se han escrito. Se trata, respectivamente, de un ensayo autobiográfico del conocido escritor (y maratoniano) japonés, una biografía novelada de Emil Zápotek escrita por un relativamente poco conocido autor francés y una historia del correr desde los orígenes de los tiempos escrita por un sociólogo noruego. Los dos primeros han sido traducidos y editados en castellano por Tusquets y Anagrama. El tercero se puede conseguir (creo) solo en su versión en inglés.

Este post se centra en el primero de ellos, el ensayo autobiográfico de Haruki Murakami, uno de los mejores escritores de la actualidad. Y mi favorito; he leído prácticamente toda su obra, incluidos algunos inéditos en España. “De que Hablo cuando Hablo de Correr” (“What I Talk About when I Talk about Running”) describe sus vivencias y sensaciones como corredor, sus experiencias en entrenamientos y carreras populares, la influencia del running en su profesión de escritor y los paralelismos entre ambas dedicaciones.

En mi opinión, dentro del ranking de calidad de su obra, este ensayo se sitúa inmediatamente después de sus dos mejores novelas, “Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo” y “El Fin del Mundo y un Despiadado País de las Maravillas“, y a un nivel similar al de otras de sus obras maestras como “Kafka en la Orilla“, “Tokio Blues” y la reciente “19Q4” (al menos, sus dos primeros libros, únicos de la trilogía publicados en España hasta el momento). Y, por supuesto, es superior a otras de sus novelas como “After Dark” o “Dance, Dance, Dance“, por ejemplo.

He leído este libro tres veces, una en su versión en inglés (salió al mercado casi dos años antes que la traducción al castellano) y otras dos en su edición en castellano, del ejemplar que amablemente me regaló (y dedicó) mi admirado y buen amigo, Mikel Lejarza, que también comparte la afición por el deporte popular (la bicicleta, en su caso).

Me permito transcribir algunas frases y párrafos de la obra, a efectos meramente ilustrativos y como expresión de mi admiración a este autor. Y recomiendo (a corredores y no corredores) la compra del libro, por ejemplo en la edición de Tusquets adjunta.

Ya en la primera lectura, tuve la impresión de compartir la mayoría de las sensaciones que Murakami describe en su libro. Las sucesivas re-lecturas me han permitido detenerme en párrafos que describen situaciones o sentimientos que comparto e intuyo son comunes a la inmensa mayoría de runners de todas las nacionalidades, edades y condición.

Para empezar, Murakami explica muy bien como el running se inserta en la vida de los corredores afirmando que “correr a diario es vital, de modo que no puedo aflojar o dejarlo sólo porque esté ocupado. Si tuviera que dejar de correr sólo porque estoy ocupado, sin duda no podría correr en mi vida”. La filosofía del runner queda también expresada cuando Murakami reconoce que “el acto de correr fue integrándose en mi ciclo vital hasta formar parte de él, igual que las tres comidas diarias, el sueño, las tareas domésticas o el trabajo”.

Refleja perfectamente el espíritu “competitivo” de muchos corredores cuando comenta que “no me preocupa en exceso si gano o me ganan. Me interesa más ver si soy o no capaz de superar los parámetros que doy por buenos” o como “si uno prueba a correr un Maratón se da cuenta de ello: a los corredores de fondo no les importa demasiado que otro corredor les supere o superar a otro durante la carrera. Porque si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ése no es otro el tú de ayer”. Comentarios de este tipo son comunes en el ensayo, y en su parte final incide en que “los tiempos individuales, el puesto en la clasificación, tu apariencia, o cómo te valore la gente, no son más que cosas secundarias. Para un corredor como yo, lo importante es ir superando, con sus propias piernas y con firmeza, cada una de las metas”.

También  incide en los pensamientos que circulan por la mente de un runner cuando corre. Expresa muy bien ese estado cuando se pregunta “¿realmente en qué pienso mientras corro?. Y, para ser franco, no consigo recordar bien en que he venido pensando hasta ahora mientras corría. (…), realmente casi nunca pienso en nada serio”. Este es un ejemplo de como el running es una herramienta para liberar la mente, ordenar ideas y disminuir el estrés diario.

Las sensaciones después de un Maratón u otra prueba de larga distancia son descritas de forma acertada cuando comenta que “poco después de dejar de correr, todo lo que he sufrido y todo lo miserable que me he sentido se me olvidan, como si jamás hubieran sucedido, y ya vuelvo a estar decidido a hacerlo mejor la próxima vez”. Explica muy bien como se sobrepone a la dureza de estas pruebas, “precisamente porque son duros, y precisamente porque nos atrevemos a arrostrar esa dureza, es por lo que podemos experimentar la sensación de estar vivos”.

La relación con otros corredores y la identificación mutua es otro de los temas del ensayo. Así, habla de como “corriendo por las calles, se puede distinguir fácilmente a los principiantes de los veteranos. Los que respiran a bocanadas cortas y jadeando son los principiantes, en tanto que los veteranos lo hacen de modo silencioso y regular. Sumidos en sus pensamientos, su corazón les va marcando lentamente el tiempo. Cuando nos cruzamos por los caminos, uno capta el ritmo respiratorio del otro y percibe cómo el otro marca el tiempo”. En la parte final del libro se vuelve a explicar como “aunque no sea algo tan pretencioso como para calificarlo de sentimiento de solidaridad, existe vagamente entre nosotros, como esa tenue bruma que se forma en las cumbres montañosas a finales de primavera, algo así como cálido sentimiento común”.

Esta identificación entre corredores la extiende a su profesión, al afirmar que “del mismo modo, cada escritor capta el estilo y el modo en que otro escritor utiliza el lenguaje”. Y es que en la mayor parte de la obra, Murakami explica como el oficio de escritor y la afición de runner se retroalimentan entre sí. Así, por ejemplo, explica como en su caso “la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico”.

Este es un paralelismo extrapolable a otras dedicaciones y profesiones, como se aprecia en otras de sus afirmaciones como la de que “correr ayuda a memorizar discursos y cosas similares. Mientras te desplazas con tus piernas puedes ordenar mentalmente las palabras de un modo casi inconsciente. Si tengo la mente ocupada en todo eso, puedo correr largo rato a una velocidad natural y sin forzar la máquina”.

Especialmente interesantes, son los apartados que el autor dedica a su debut y preparación en el triatlon, dedicando especial atención a la consecución de la técnica necesaria para el tramo inicial a nado y el segundo en su bicicleta “18 ‘Til I Die”:

También  dedica Murakami algunos capítulos concretos a sus experiencias como corredor popular, en pruebas tan emblemáticas como los Maratones de Boston (su lugar habitual de residencia) y Nueva York. La parte final del libro se centra, precisamente, en la preparación de esta última prueba, en un contexto de dificultades y lesiones, en el que va expresando su amor y admiración por esta ciudad, Central Park, los pretzels, los escaparates de Bergdorg Goodman. Murakami se pregunta si, el día de la carrera “¿podré saborear a placer el otoño en Nueva York mientras mis piernas mi impulsan por esa tierra exótica”.

En esta parte se incluyen algunas detalladas descripciones de técnicas, kilómetros y ritmos de entrenamiento planificados por Murakami, así como buenas descripciones del ambiente y recorrido de este Maratón, con especial consideración a la dificultad de su final en algunos tramos de cuestas de Central Park, que quedan compensados con el objetivo cumplido y, por supuesto, las espectaculares vistas de los rascacielos del Upper East Side, 5th Avenue y 59th Street.

Una de las partes más originales de este libro es la correspondiente a su experiencia como ultramaratoniano en una prueba de 100 kilómetros en Japón. Además de sentimientos y sensaciones en los momentos de esfuerzo supremo en la parte final de esa carrera (“lo único que yo veía eran, a lo sumo, los tres metros de terreno que tenía delante. Más allá no había nada. Mi mundo se acababa en esos tres metros”), en ella, se encuentran algunas de las reflexionas más profundamente espirituales que el autor japonés realiza acerca del acto de correr. Por ejemplo, cuando cuenta como “al llegar al kilómetro setenta y cinco, sentí como si hubiera atravesado algo. (…) Era realmente como si mi cuerpo hubiera atravesado una pared de piedra y pasado al otro lado”. Los conocedores de la obra de Murakami encontrarán un paralelismo entre esa sensación y una parte fundamental de la temática de su obra, sus universos paralelos. Y el remate con su sensación de que “al final, prácticamente se habían borrado de mi mente no sólo el sufrimiento físico, sino incluso cosas como quién era yo o qué hacía en esos instantes. (…) El acto de correr se hallaba ya en un ámbito que rozaba casi lo metafísico”, para acabar con su descripción de la melancolía del corredor: “De todas las cosas que comportó para mí la experiencia de la ultramaratón, sin embargo, la más significativa no fue de carácter físico, sino espiritual. Me trajo una suerte de apatía espiritual. De pronto, algo que podría denominarse la tristeza del corredor, el runner’s blue”.

La edición española de Tusquets incluye algunas fotografías del autor en carreras como el Maratón de Boston y algún triatlon, así como imágenes de su primer Maratón en solitario entre la ciudad griega del mismo nombre y Atenas.

También la música, tema habitual en todas las obras de Murakami, tiene su protagonismo en este libro. Algunos críticos, sobre todo japoneses, critican el carácter “pop” de este autor, aficionado, además de a la música clásica (componente esencial de la mayoría de sus libros), al rock americano, al pop europeo y iconos culturales occidentales contemporáneos como Lost o Los Soprano. En este ensayo, entre otras citas musicales, comenta como entre sus cantantes y grupos favoritos a la hora de entrenar se encuentran, por ejemplo, los Rolling Stones. Esta es una de sus canciones preferidas cuando corre:

Otro de los grupos favoritos del escritor japonés para sus rodajes es The Loving Spoonful, a los que expresa una gran admiración:

Pero además de ser un autor “pop”, volcado con la cultura contemporánea, en la obra de Murakami es habitual la cita a compositores clásicos como Bach y Mozart. Un ejemplo reciente, es la estructuración de parte de su última obra “19Q4” a través de esta bella pieza de Janaçek:

Algunos de los mejores capítulos del libro son aquellos en los que describe como sus hábitos de correr y rendimientos se van adaptando al paso del tiempo. Completa algunas excelentes descripciones de como la edad va afectando a las cualidades del runner y como el cuerpo se debe ir adaptando a las mismas. Afirma, refiriéndose a su actual condición, que “los tiempos no me preocupan. A estas alturas, estoy seguro de que, por mucho que me esfuerce, ya no conseguiré correr como antaño, cosa que aceptaré sin reparos. No me resulta agradable, pero es lo que tiene envejecer”. Y como “lo importante no es competir contra el tiempo. Es posible que, en adelante, para mí tenga mucho más sentido saber con cuánta satisfacción correré esos cuarenta y dos kilómetros y hasta que punto disfrutaré”. Por último, reflexiona acerca de como, a pesar del paso del tiempo “voy a seguir corriendo maratones con todo mi empeño, sin desfallecer, hasta que consiga volver a sentir que he corrido satisfactoriamente. Supongo que, mientras mi cuerpo me lo permita, aunque esté viejo y achacoso, y aunque la gente de mi entorno me sugiera cosas como, ¿no cree que sería hora de ir dejándolo?, ya tiene usted una edad, seguiré corriendo. Aunque mis tiempos empeoren más y más, estoy seguro de que pondré en ello el mismo empeño y esfuerzo que hasta ahora e incluso, en ocasiones, más que hasta ahora”. En este sentido también se desarrolla la cita, en la parte final del libro, en la que afirma que “ignoro hasta cuándo podré mantener ese ciclo de tareas y actividades de escas utilidad. Pero, por lo pronto, ya que hasta ahora he venido realizándolas con perseverancia y sin hastiarme, pienso intentar seguir realizándolas mientras pueda”.

Por último, como pequeño homenaje, y demostración del aprecio y consideración de este autor en España, estos vídeos que recogen el reciente discurso de Haruki Murakami en Barcelona al recibir el XXIII Premi Internacional Catalunya:

Gracias, maestro.

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