Maratón de Boston 2013. Marathoners are the Wrong Target

Al llegar marzo, la dura nieve por fin se derrite, se secan también los molestos barrizales causados por el deshielo, la gente se quita los gruesos abrigos y, para cuando vuelven a acudir a las orillas del Charles, vuelve también el Maratón de Boston, con esa sensación de que todo está listo.

Uno de los mejores artículos relacionados con el trágico atentado al Maratón de Boston de esta semana ha sido el recogido en el Blog de Nicholas Thompson en The New Yorker. No tanto en su dimensión informativa, sino en el reflejo del sentimiento de los corredores.

Además de recordar el especial carácter de la inscripción en la prueba (… the race is iconic because you have to qualify; a Boston Marathon shirt means they’ve run fast), ofrece la clave de lo que muchos corredores populares han sentido durante la semana: an attack on a marathon is devastating; you’re hittin somethin special but also something very quotidian.

No he participado en el Maratón de Boston, ni conozco la ciudad. En mis planes, antes de la lesión del pasado verano, figuraba la inscripción en esta carrera para seguir completando el circuito de los Majors, tras Londres y Berlín en dos ocasiones y la inscripción para este otoño en Nueva York.

Uno de los primeros pensamientos tras los atentados del pasado lunes fue el de la inscripción para la edición de 2014. Me temo que habrá afluencia masiva de solicitudes (ya hay movimientos en redes) y que las solicitudes serán masivas. Será preciso esforzarse por acreditar una buena marca que ofrezca algunas garantías para una inscripción asegurada.

Aunque en los artículos de La República del Running se incluyen, casi exclusivamente, reportajes sobre carreras populares en que he participado o rutas para correr que frecuento, en esta entrada se describen solo sensaciones a través de las noticias más simbólicas sobre el acontecimiento. Ello debido a que en el transcurso de esta semana, además del impacto personal por el atentado, he recibido similares comentarios acerca de las sensaciones por parte de un grupo importante de compañeros y conocidos que también corren.

No puedo ofrecer más información sobre la configuración de la carrera, de la que solo conozco, por referencias, la dureza de la cuesta de la parte final (Heartbreak Hill) y el recorrido lineal desde el interior hacia la costa, que ha provocado, en ocasiones, la imposibilidad de certificar récords como consecuencia del viento a favor, algo llamativo en una carrera de esta longitud.

Las palabras del artículo de The New Yorker constituyen un buen resumen de esas sensaciones. En mi opinión, en un momento en que los ciudadanos están perdiendo la confianza en instituciones, políticos, sistema financiero, religión, etc., la práctica del deporte, en general, y de las carreras populares en particular, proporciona una alternativa para la vertebración social entre los ciudadanos, al margen de un vínculo emocional y práctico entre las propias ciudades y países. Se trata de un entorno de libertad que ha sufrido un ataque sin precedentes y que cualquiera de los cientos de miles de corredores de todo el mundo que participan en carreras populares podría haber sufrido. Un acto el de correr, tan cotidiano, normal y libre, que ha sido profanado de manera asombrosa.

Correr nos hace dueños de las calles por unos minutos. Proporcionan una emoción especial al permitir transitar libremente, sin tráfico, por lugares emblemáticos. Tanto en el silencio y vacío de las zonas poco transitadas a primeras horas de la mañana en carreras de barrio como en los pasos multitudinarios del centro de las ciudades en carreras importantes. Desde las cuestas de El Pardo en las mañanas frías de febrero hasta el Unter den Linden de Berlín a finales de septiembre, pasando por Sol, el Paseo de Gracia, London Bridge o el Puente del Milenio. Por unos momentos, son lugares que pertenecen a los corredores populares y que, en ocasiones, transmiten emoción.

El running une y vertebra personas de toda condición y clase social. Tanto corredores expertos, casi profesionales, hasta veteranos o principiantes cuya ilusión es completar una pequeña carrera popular de barrio. En estos tiempos de crisis, además, constituyen una herramienta de unión, ánimo y apoyo. La heterogénea condición laboral del núcleo de amigos y conocidos que entrenan en nuestro grupo de la Dehesa de la Villa nos está mostrando, por ejemplo, las devastadoras consecuencias del desempleo. Al menos, la unión en los momentos de entrenamiento pueden servir de desahogo para amigos que no lo están pasando bien.

Con este atentado, esto se pone en cuestión. ¿No vamos a disponer de estos escasos momentos de dominio en la ciudad, de libertad individual y colectiva y de unión?. Es de lo poco que queda, junto a la familia, en estos momento de deterioro institucional y económico. Necesitamos creer, al menos, en esta posibilidad, en esta válvula que suponen las carreras populares.

No son de extrañar, por tanto, y al margen de las habituales muestras de patriotismo del país, las celebraciones de los habitantes de Boston y Watertown tras la identificación y detención de los responsables del atentado. Como dijo Dennis Lehane en su artículo de The New York Times, no sabían con que ciudad se habían metido.

Aunque, en este caso, de mayor carga simbólica es esta frase, que ha venido circulando por las redes durante la semana y que refleja el sentimiento de los maratonianos, the wrong group target.

En los momentos posteriores al atentado, algunos de los principales Maratones del mundo reaccionaron rápidamente, empezando por el de Londres, que se ha celebrado este mismo fin de semana. Por supuesto, con apoyos a Boston y homenajes a las víctimas. Y la confirmación del mantenimiento de las pruebas; no puede ser de otra forma. Especialmente emocionante la inmediata reacción del Maratón de Nueva York con su comunicado en Facebook en el que precisamente recuerda que marathons bring out the best of the human spirit and unite our cities and towns.

De entre las imágenes de los acontecimientos, una de las más destacadas fue la distribuida por Associated Press y portada en diversos medios de todo el mundo, de Bill Iffrig, el corredor de 78 años, caído a pocos metros de la meta, tras unas cuatro horas de carrera, auxiliado por algunos de los oficiales de la policía de Boston que primero reaccionan a las explosiones. Una imagen que se ha convertido en un icono, tanto por la oportunidad del momento como por las características de este corredor popular.

Fotografía tomada de abcnews.com a titulo ilustrativo sin ánimo de lucro.

También fueron emotivas algunas de las noticias reportadas por algunos otros medios internacionales sobre corredores que tras cruzar la línea de meta y conocer la tragedia acudieron corriendo al Mass General Hospital para donar sangre a las víctimas.

Todas estas imágenes y sensaciones han sido universales y compartidas con especial sentimiento por los corredores populares de todo el mundo. Un atentado de este tipo sensibiliza a toda la sociedad. Pero creo que en este caso existe un añadido sentimental para los que compartimos esta afición. Seguro que miles de corredores populares de todo el mundo pensaron que su rodaje matinal del día siguiente era un buen homenaje a las víctimas.

Para concluir de manera ligera este apartado de menciones a la repercusión en prensa, una mención al curioso comunicado del embajador de la República Checa en Estados Unidos, aclarando que ese país no tiene nada que ver con Chechenia, origen de los autores del atentado. Una comunicación que recuerda a una de las mejores escenas de The Sopranos.

Para terminar, en línea con el resto de entradas del Blog, unas cuantas sugerencias, o pequeños homenajes, musicales y literarios a la ciudad de Boston.

Comenzando con James Taylor, uno de los cantantes de Boston más conocidos, con una de sus más emblemáticas piezas, en una excelente versión, en las que hace referencia a esta ciudad.

Otro de los importantes cantantes de Boston, Jonathan Ritchman, con una de sus mejores canciones, titulada, precisamente, “Roadrunner”.

Y una de las mejores bandas de Boston, The Cars, con una de sus piezas más reproducidas.

El escritor con el que mejor se identifica a la ciudad en la actualidad es, probablemente, Dennis Lehane, cuyo artículo de esta semana en The New York Times se ha comentado y enlazado anteriormente. No he leído aún ninguna novela de este autor, aunque he disfrutado con alguna de sus adaptaciones al cine. Especialmente con la obra maestra “Mystic River”, dirigida por Clint Eastwood, que ambienta su sobrecogedora historia en esta ciudad.

Aunque japonés, otro de los grandes escritores vinculados con esta ciudad, en la que reside e imparte clases, es Haruki Murakami. Además, gran maratoniano. El párrafo que abre este artículo pertenece a su conocido ensayo “De que hablo cuando hablo de correr”, posiblemente el libro que mejor refleja la esencia y sentimientos de los corredores populares.

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También un Boston imaginario es el escenario de la más relevante obra de David Foster Wallace, “Infinity Jest”. Esta web recrea un curioso e imaginario tour del libro por la ciudad.

También varias series de televisión se han inspirado y localizado en Boston, siendo las más conocidas Cheers y Ally McBeal. La entrada y títulos de crédito de la primera constituyen una especie de clásico de la televisión.

Cómo otro clásico, que en la juventud nos acercó a la afición al baloncesto, a través de una NBA distinta a la actual: los Boston Celtics clásicos, con Larry Bird a la cabeza.

Muchos motivos para intentar correr el Maratón de Boston 2014. Animo a amigos, compañeros, conocidos.

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