Crónica de los 28 Kilómetros en el Maratón de Nueva York 2014

El pasado domingo 2 de noviembre participé por vez segunda en el Maratón de Nueva York, tras la experiencia del 2013. Se trataba del 23º maratón en que tomaba la salida, habiendo completado 21 de los anteriores.

De nuevo, tras el abandono por lesión en el pasado Maratón de Barcelona del mes de marzo, no pude completar la carrera, retirándome en el km 28, aproximadamente. El gráfico con el recorrido completado es el siguiente, junto con los tiempos, altimetría y otros datos correspondientes.

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Parece que se ha convertido en una “tradición” en este blog el acompañar detalladas hojas de ruta de planes de entrenamiento con los desenlaces fallidos, ya que por segunda vez, la descripción detallada de un plan con un objetivo (Barcelona, antes, Nueva York, ahora) acaba no cumplimentando el mismo.

A pesar de ello, he intentado extraer conclusiones para que los seguidores que amablemente han seguido el plan puedan emplearle como referencia. También se obtienen correlaciones entre los entrenamientos y los resultados finales gracias a la experiencia positiva de hace unas semanas en el Maratón de Berlín.

Abandono en el Maratón de Nueva York

En esta ocasión, el principal motivo fueron las intensas molestias estomacales que experimenté durante la carrera.

Tras una semana previa en que sufrí este (habitual en mí) problema, los previos de la carrera (tres horas y media de espera en Fort Wadsworth, a la intemperie, junto con un desordenado desayuno en ese lugar) y el intenso frío (sensación térmica de unos 3 – 5 grados bajo cero y vientos de unos 50 km hora) acrecentaron las dolencias.

Las molestias comenzaron a manifestarse a partir del km 12, se hicieron muy patentes hacia los km 18 a 20 (en que tuve que detenerme en una ocasión) y fueron muy significativos a partir del km 22. De tal forma que, tras unos intentos de “entrada en carrera” desde ese punto, en el km 27,8 (1st Avenue con 81st Street) y tras 01:58:21 de carrera, decidí abandonar dadas las muy malas sensaciones: ausencia de fuerza en las piernas, dolor intenso de estómago, malestar general y preocupación por los indicios: sensación de frío en todo el cuerpo, ausencia casi completa de sudor (durante toda la carrera) y evidentes problemas de falta de hidratación, debido a la imposibilidad de ingerir líquido.

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Aunque el principio de Murakami dice que que “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional” y que la veteranía de haber participado en tantos maratones, en principio, “des-mitifica” este tipo de acontecimientos, supuso una frustración evidente, dada la ilusión en la preparación de la carrera y el escenario.

Un pequeño (y “tramposo”) consuelo es la experiencia de abandonar en una localización con tanto “glamour” y hacer una vuelta al hotel (en la calle 38) a través de unas aceras con tanto estilo como las de 3rd Avenue por el Upper East Side. Al fin y al cabo, tal como comenté en la entrevista que me hizo Luis Blanco en el informativo del mediodía de Radio Capital el miércoles anterior a la carrera, sea cual sea el resultado, me siento un privilegiado por poder correr y, por supuesto, acudir a este tipo d experiencias.

En este post resumo los principales datos de la carrera, para concluir la serie de narración de los entrenamientos y permitir la deducción de algunas conclusiones (que, a pesar de todo, son relevantes). También incluyo, dado el desenlace, una descripción de sensaciones, sentimientos, pensamientos y experiencias colaterales a la prueba.

Datos de la Carrera y Comparación con el Plan y el Maratón de 2013

No obstante el abandono, hay algunas conclusiones interesantes del análisis de tiempos de paso, que aparece en la siguiente fotografía.

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Las previsiones del plan de entrenamiento indicaban un escenario similar al del año pasado (03:03:00) con un intervalo estimado de 03:01:30 a 03:04:00. A pesar de las molestias, el desempeño hasta el km 25 era prácticamente el esperado, matizado por el tiempo desperdiciado en la “parada técnica” realizada entre los km 19 y 20 (de 1 minuto y 20 segundos, aproximadamente).

Los datos de paso, y su comparación con los 2013 (entre paréntesis), fueron los siguientes:

  1. Km 05: 00:20:37 (20:39). +2″.
  2. Km 10: 00:41:03 (41:26). -23″.
  3. Km 15: 01:01:47 (01:02:11). -24″.
  4. Km 20: 01:23:01 (01:24:26). +85″.
  5. Km 25: 01:46:13 (01:44:30). +103″.

La secuencia indica:

  1. Una ligera mejora respecto a 2013 hasta la aparición de las molestias importantes. Los -24″ en el km 15 se extrapolarían a una mejora de algo más de 1 minuto al final, para un entorno de 03:02:00, en línea con la estimación previa.
  2. Un empeoramiento de 109″ segundos entre ese km 15 y el km 20 que equivalente, casi exactamente, al tiempo de la parada (104″, para ser concretos, según las métricas del Garmin). O sea que, hasta ahí, y a pesar de las malas sensaciones, un desempeño razonable.
  3. Un deterioro más intenso de los ritmos a partir del km 20, tal como he indicado, que ya en esos 5 km hasta el km 25 demuestran una pérdida de entre 3 y 4 segundos por km respecto al año pasado.

En efecto, tal como indica el punto 1, el inicio hasta el km 15 fue, incluso, algo mejor que la secuencia de tiempos en el maratón de 2013, lo cual parece indicar que el fondo de piernas y estado de forma general no era malo. Además, comentar que este tramo se penalizó con unos 15 – 20 segundos que paré a atarme una zapatilla (algo que tampoco me suele suceder) y que durante unos metros corrí charlando con el Youtuber local Casey Neistat, muy conocido por el público en esta zona de Brooklyn. Adjunto, como curiosidad, un vídeo en el que se aprecian parte de las condiciones climatológicas del día.

A pesar de lo anterior, como se aprecia en los puntos 2 y 3, el ritmo fue empeorando. Sobre todo, el impacto del punto 3 anterior es mucho más significativo si vemos los datos de los siguientes km. En particular, el promedio por km entre el 25 y el punto del abandono (km 27,8) es de 04:23 minutos por km, en una zona relativamente favorable, con un pequeño tramo de viento a favor y muy animada por el público, en la que en la carrera de 2013 el promedio fue de 04:09 minutos por km. O sea, un ritmo peor en el 14 segundos por km que, dada la regularidad en mis ritmos habituales, era ya una manifestación muy clara de los problemas físicos.

Comparando con el desempeño en la segunda parte de la carrera en 2013 (ritmo de 04:31 en la segunda dura media maratón), una extrapolación en el caso de haber mantenido ese desfase hasta el final de la carrera hubiera implicado una marca entre 03:08:00 y 03:09:00, alrededor de 5 ó 6 minutos por encima de la previsión (entre 3 y 4 si se descuenta el tiempo de la parada). Un desfase razonable habida cuenta de las extremas condiciones climatológicas.

Pero, no fue siquiera posible dicha continuación. La falta de fuerzas a partir del final del puente de Queensborough e inicios de 1st Avenue era muy significativa, así como las muy malas sensaciones físicas. Una “pájara” en todo su esplendor que, llegando al km 28 y manifestándose en un estado de sufrimiento e incapacidad de avanzar, me hizo abandonar.

Como referencias, tal como indiqué anteriormente, prácticamente no sudé durante la carrera (el frío más las dificultades de hidratación debido a los problemas estomacales). Asimismo, fui incapaz, debido a la ausencia de fuerzas, de, al menos, trotar de vuelta al hotel por la 3rd Avenue esas más de 40 calles de diferencia entre el punto de abandono y mi hotel.

Contexto

A diferencia del entorno propicio experimentado 5 semanas antes en Berlín, en este caso las condiciones eran malas:

  1. Temperaturas nominales escasamente por encima de los 0 grados, con sensaciones térmicas de entre 3 y 6 grados inferiores debido al viento.
  2. Vientos de, aproximadamente, 50 km por hora. De dirección Norte – Noroeste, además. O sea, en contra o laterales durante casi toda la primera parte de la carrera por Brooklyn, Queens y primeras calles de Manhattan.
  3. Espera de 3 horas y media en las instalaciones a la intemperie de Fort Wadsworth, con césped, además, húmedo debido a las lluvias del día anterior. La mayoría de los participantes tiritábamos, a pesar de las ropas de abrigo (en mi caso: dos camisetas de manga corta, tres camisetas de manga larga y un forro polar superpuestos, junto con mallas largas por encima del pantalón corto).

La sensación común que comentábamos entre nosotros, los participantes, fue la de “no haber pasado tanto frío en la vida”. Probablemente no sea el caso tan exagerado, pero, con toda certeza, se trata de la carrera, de entre las 104 en que participado (102 terminadas), en que la sensación climatológica era peor.

Durante los 28 km de carrera no llegué a rodar redondo en ningún momento. En el calentamiento y en los primeros tramos las piernas y pies estaban completamente entumecidos. Me fue prácticamente imposible calentar, debido a esas sensaciones, en los minutos previos en el cajón de salida (durante más de una hora en este espacio). A diferencia de la práctica del año anterior, no me despojé de la última ropa de abrigo (forro polar y mallas) hasta un par de minutos antes de la salida, ya en las inmediaciones del puente y de las tribunas de autoridades.

La presencia de los vientos merece espacio aparte. De todas las condiciones climatológicas es, con diferencia, la peor con la que convivo, a diferencia, por ejemplo, de las buenas sensaciones de una carrera bajo la lluvia, débil, media o, incluso, intensa. Hubo tramos (Queens) en que el viento de contra impedía, prácticamente, avanzar. Peor eran las experiencias en puntos desguarnecidos y con vientos laterales (Puente de Verrazano), en que las ráfagas nos desplazaban hacia la derecha, provocaban colisiones entre corredores y, en ocasiones, producía tropezones al desplazar la zancada de la pierna izquierda hasta hacerla chocar con la derecha. A pesar de mis experiencias de entrenamientos en Cádiz con viento de Levante en La Barrosa, no había sufrido estas situaciones anteriormente.

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Otras Sensaciones Personales

Además de los aspectos relacionados con las condiciones físicas y contexto de la carrera, a continuación relaciono algunas sensaciones adicionales de diversa índole; en una especie de relación cronológica según el devenir de los acontecimientos.

En primer lugar, mi impresión acerca del ligero empobrecimiento de algunos temas relacionados con la logística y entorno este maravilloso maratón. Se trata de pequeños detalles que, probablemente, están moldeados por el peor ambiente climatológico de este año y las malas impresiones generales en mi participación. Entre ellos:

  1. Un cierto caos en la recogida de dorsales en el Jacob Javits Convention Center, así como la ausencia de algunos fabricantes y marcas que sí estaban presentes en 2013 (por ejemplo, Mizuno, seguramente incompatible con Asics, uno de los principales sponsors de la carrera).
  2. La reducción de señalizaciones antes y durante la carrera y de ciertos complementos logísticos, debido a los fuertes vientos, que, entre otras cosas, afectaron a la colocación de los toldos en la zona de salida de Fort Wadsworth, complicando aún más las condiciones de espera.
  3. La presencia de menor numero de espectadores en la parte del recorrido completada, especialmente en las largas avenidas de Brooklyn. También me parecieron llamativos los cruces de numerosos espectadores, especialmente entre los km 15 y 18, en contraste con la edición anterior en que esta situación no recuerdo que se produjera.
  4. La sustitución tras el disparo de salida en Staten Island del tradicional “New York, New York”, de Frank Sinatra, por el “Safe in New York City”, de AC/DC (buen tema, pero no tan tradicional); asimismo, una sustancial disminución de las bandas musicales de animación en el recorrido en, al menos, la parte completada.

Tampoco en los días previos, y asimismo, a diferencia del año pasado, la iluminación del Empire State Building se decoró con los colores del Maratón (quizá debido al cambio de patrocinador principal). En todo caso, los previos de homenaje a la noche de Halloween sí fueron espectaculares.

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No obstante lo anterior, sigo considerando que este maratón se encuentra, por muchas de sus características organizativas, animación popular y logística general, en un escalón superior al de sus comparables.

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Otra de las sensaciones llamativas, en este caso positiva, fue el trato de los ciudadanos. Si bien en la edición de 2013 ya aprecié como los habitantes de Nueva York y los turistas se vuelcan con la carrera y muestran permanentemente su respeto a los corredores, en este caso también experimenté, desde la situación de la retirada, la atención y amabilidad de muchos de ellos. En el tramo de las 40 y tantas calles de vuelta desde el punto de abandono hasta el hotel fueron alrededor de una docena las personas que me detuvieron para preguntarme, animarme y, a pesar de la decepción, felicitarme. Es un hecho muy diferente a lo habitual en nuestro país, por ejemplo.

Cronológicamente, el siguiente punto de emociones se produjo, lógicamente, en la gran cantidad de mensajes de familia y amigos, tanto presentes en Nueva York como, en su mayoría, desde España, que me animaron tras la retirada. A través de las llamadas telefónicas desde casa, los divertidos mensajes de Whatsapp de mi hija Almudena, y los del grupo del Maratón de Boston y otros amigos y compañeros, así como numerosos mensajes y menciones desde Twitter de amigos y conocidos, física o virtualmente. Traté de responder a todos, que fueron de mucho ánimo y generosidad, al estar pendientes de esta carrera a través de la aplicación de tiempos o de las noticias.

Por su parte, comentar que la secuencia de sensaciones tras el abandono fue, al revés de lo que esperaba, de mejor a peor. En el momento de la retirada, al no tener dudas sobre su conveniencia y dadas las molestias, no tuve una noción clara de decepción. Ni tras la llegada al hotel y las horas siguientes, con los mensajes y llamadas de ánimo antes indicadas. Tampoco fueron malas el día siguiente, con una forma física buena (no me había desgastado muscularmente) y una magnífica mañana en Manhattan (15 grados y sol, que se echaron de menos, desgraciadamente, el día anterior) que permitió, antes de la vuelta, un breve pero entretenido paseo por esta magnífica ciudad. Sin embargo, la vuelta a primera hora de la tarde desde el JFK, con multitud de corredores con los que había coincidido y compartido experiencia, con sus objetivos cumplidos; y, especialmente, los dos días siguientes en Madrid (además, con persistencia de las molestias estomacales) fueron “de bajón”.

Por último, una reflexión merece el hecho de que, de forma opuesta al caso del Maratón de Berlín de septiembre, en el que la semana de la carrera comenzó, a nivel personal y profesional francamente mal para ir mejorando significativamente a lo largo de la misma hasta el viernes, en este caso sucedió justo lo contrario. No tengo claro si esto influyó o no, y, en su caso, en qué medida.

Otras Experiencias

Relato a continuación otras experiencias anecdóticas del viaje que poco tienen que ver con la carrera.

Aunque el escaso tiempo en la ciudad y estas sensaciones descritas dejaron escaso espacio para disfrutar de Nueva York, del conjunto de buenas recomendaciones turísticas que figuran en algunos otros post sobre este maratón o sobre zonas para correr en este lugar, en esta visita selecciono:

  1. Las comidas y cenas en algunos de los “clásicos” de la ciudad, como el encantador y elegante “Baltazhar”, del SoHo, el moderno restaurante del Hotel Mondrian y el tradicional restaurante de Pershing Square frente a la salida de Central Station.
  2. Las (escasas) oportunidades de echar un vistazo por alguna de los tradicionales comercios imprescindibles de esta ciudad, como la gran tienda de deportes Paragon, de Union Square, o las grandes librerías Strand de Broadway y Barnes and Noble de la Quinta.
  3. La ruta post – maratón del lunes por la mañana que dibujo a continuación por si es de interés para disfrutar de una visita rápida a algunos de los lugares, barrios y comercios más atractivos de Manhattan.

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Es un paseo de unos 12 km que permite deambular por las calles de Midtown Manhattan, Flatiron District, University, Village, TriBeCa, SoHo, Little Italy, NoLIta y Financial District. Recomendable para una visita rápida a los barrios más interesantes de la ciudad y algunos de los comercios, restaurantes y librerías que se comentan anteriormente.

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Como curiosidad, en el trayecto hacia el JFK para tomar el vuelo de vuelta, dado el gran atasco en las autopistas habituales de acceso, el conductor del coche que contraté en el hotel realizó un muy hábil (aunque largo) rodeo que nos llevó por una gran parte del barrio de Queens, llegando, prácticamente, hasta Rockaway Beach. Aprender rutas por las ciudades es otra de mis habilidades, y, en este caso, completado con un pequeño homenaje a los Ramones.

Otra anécdota fue la coincidencia en el vuelo de vuelta, en el embarque y en la zona de asientos de la aeronave, con uno de los mejores músicos y compositores de este país, Javier Ruibal, que regresaba de ofrecer un concierto en la ciudad.

La letra de esta canción hace merecer la pena escucharla unas cuántas veces.

En el vuelo de ida leí “de un tirón” la nueva novela de Sergio del Molino, “Lo que a Nadie le Importa”.

Siendo consciente de que ha recogido críticas diversas (tanto positivas como negativas) y que, probablemente, sea una novela que quizá no “aguante” demasiado bien una segunda lectura, mi opinión sobre la misma es excelente. Muy bien escrita, con un estilo elegante, una narración absorbente, llena de emotividad y, a ratos, humor inteligente. Pero, sobre todo, con una historia y un maravilloso personaje central (José Molina, estoico y perdedor) que enganchan y con los que, tengo que reconocer, una cierta empatía, a pesar de la diferencia de perfil y época. De esta lectura (no sé si de una siguiente), la califico como casi obra maestra y, por supuesto, de recomendación absoluta.

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Tras esta, en el vuelo de vuelta inicié la lectura (ahora por la mitad) de “Los Muertos”, la primera novela de la trilogía de Fernando Carrión que tan buenas críticas está recibiendo.

Vuelta a los Entrenamientos y Siguientes Planes

La saturación de entrenamientos y el cansancio acumulado tras la participación en Berlín, me ha hecho descansar prácticamente toda la semana posterior a esta participación fallida en Nueva York.

El descanso ha surtido efecto, dado que la reincorporación el sábado con 14 km a un ritmo cómodo muy razonable (04:39) y las series del domingo a un ritmo incluso mejor que en los previos del Maratón de Berlín (6×1000 a 03:46 medios, con 4×1000 de calentamiento y recuperación a 04:13 medios); son una buena señal.

Descarto la participación en algún próximo maratón como “desquite”. A pesar de tener la oportunidad de participar en Valencia gracias a la amabilidad de los compañeros y amigos del Grupo de Boston, o, incluso, la perspectiva de acudir a la preciosa ciudad de San Sebastián, obligaciones familiares y, ciertamente, ese cansancio acumulado, me indican parar y descansar de maratones por un tiempo.

Tampoco tengo previstas participaciones en las “clásicas” de esta época en Madrid (Trofeo Jose Cano de Canillejas, Akiles de la Casa de Campo, Cross de Invierno de los Poetas de la Dehesa de la Villa, etc.) e, incluso, estoy dudando correr la San Silvestre Internacional del 31 de diciembre (por cierto, cuyas inscripciones se abren el próximo martes 11 a  las 11 horas). Tan solo intervendré a la Carrera Ponle Freno a finales de este mes.

En estas semanas, intentaré acudir al programa “A tu Ritmo” para hablar, tal como me han propuesto, del post de este blog acerca de las estadísticas de evolución de participantes en maratones, que tanta acogida ha tenido en estos días (por ejemplo, también a través de la mención de Luis Arribas, a quién se lo agradezco, en su artículo portada de elmundo.es precisamente el día anterior al Maratón de Nueva York).

Para terminar, un vídeo con una de las mejores canciones del rock español, que no dejo de escuchar estos días; aunque no tiene que ver con esta carrera, pero sí con otra de las clásicas que se celebrará el próximo domingo: la Carreira Popular Pedestre do San Martiño, en Ourense, tierra de “Los Suaves”, uno de los mejores (o el mejor) grupo de rock de este país.

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2 pensamientos en “Crónica de los 28 Kilómetros en el Maratón de Nueva York 2014

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