Las sinergias de correr

Comentarios al libro “Correr y meditar“, de Sakyong Mipham (Ediciones La Llave)

“Cuando apareces en un maratón, la universalidad de correr resulta muy evidente con solo observar la diversidad de los corredores: personas de todas las edades, formas y tamaños. La dedicación, el disfrute y el dolor nos unen a todos. Para ser un deporte tan individualista, correr genera una potente sinergia” (“Correr y meditar”, Sakyong Mipham; Ediciones La Llave; página 245).

Un libro recomendable

Leí “Correr y meditar”, de Sakyong Mipham, el pasado 4 de noviembre, en el vuelo desde Madrid a Nueva York previo al maratón en esta ciudad del primer domingo de noviembre.

Llegué a esta obra gracias a un artículo del suplemento “Zen”, en elmundo.es. La combinación de un lama tibetano que corre maratones, la teórica relación entre las enseñanzas de la meditación budista y la práctica de la carrera y mi afición a correr -más de cuarenta mil kilómetros en diecisiete años-, despertaron mi curiosidad.

No practico el budismo ni dispongo de información acerca de sus principios. Tampoco me dedico a la crítica literaria. Por lo tanto enfoco los comentarios sobre este libro desde la perspectiva de un corredor popular, ya con una cierta experiencia, para tratar de transmitir algunas sensaciones acerca de:

  1. Cómo de razonables son esas vinculaciones entre la meditación y la carrera.
  2. Qué enseñanzas y consejos se pueden extraer.
  3. Cuáles de ellas he tenido ocasión de poner en práctica después de su lectura.
  4. En qué medida puede ser aprovechable esta obra para terceros.

Confirmo que es un libro notable y recomendable; aconsejo su lectura íntegra. Se acompañan enlaces a su página en amazon.es y casadellibro.com. En mi caso, lo adquirí bajo encargo en Pasajes Librería Internacional de Madrid.

Enfoque del artículo

Resumo los principales apartados y mensajes del libro, acompañándolos de algunas citas textuales marcadas en mi lectura de la obra publicada por Ediciones La Llave*.

*Incluyo esas citas como promoción de la obra; en caso de estimarse excesivas a juicio de la editorial o del autor, realizaré las oportunas modificaciones o eliminaciones

Para completar el análisis, relaciono algunos de sus pasajes y temas con citas y opiniones de otros autores; en particular, incluyo numerosas referencias al ensayo “De que hablo cuando hablo de correr”, de Haruki Murakami, con el que existen numerosos puntos en común.  Incluyo citas de este libro, tomadas de la edición de Tusquets Editores.

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Especialmente interesante encuentro la forma en que, en ambos casos, se introduce la importancia psicológica de correr para la liberación de la mente y la mejora en otros aspectos de la vida personal e, incluso, profesional (“En mi caso, la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana” -página 108 de la obra de Murakami-).

En este enlace se dispone de un análisis detallado de esta excelente obra de Haruki Murakami que, junto a “Correr”, de Jean Echenoz, y “Running: a global story”, de Thor Gotas, son los mejores libros sobre la práctica de la carrera que he leído.

También se incluyen algunas otras referencias a principios de diversas corrientes filosóficas con las que algunos de los temas descritos en estos libros tienen algún tipo de relación. Las principales citas proceden de “Los ensayos”, de Michel de Montaigne (Acantilado Editorial) y de “Las meditaciones”, de Marco Aurelio (Alianza Editorial). Son citas relacionadas a modo de curiosidad que, en ningún momento, pretenden incorporar análisis religiosos o filosóficos.

Por otra parte, añado algunos breves comentarios y datos de índole personal relacionados indirectamente con algunos de los asuntos que se describen.

Resumen general

El tema central del libro consiste en la relación entre correr y meditar, así como en las ventajas y enseñanzas paralelas que se comparten entre ambas prácticas:

“Correr puede ser un apoyo para la meditación, y la meditación puede serlo para correr” (página 21). “Encarnamos nuestras preocupaciones. Hemos de aprender a soltar. La meditación nos proporciona ese aprendizaje. También gracias a correr y a la circulación del oxígeno se desbloquean y limpian las tensiones internas. Así es como correr ayuda a reducir el estrés” (página 109).

La convergencia se identifica en cuatro fases, caracterizadas por nombres de animales, reales o fantásticos.

Comienza con la del tigre, que corresponde a la técnica necesaria para iniciarse en la práctica. La continuación es la fase del león, en la que una vez adquirida técnica y experiencia se alcanza el disfrute con la carrera. La tercera parte es la del garuda (ave fantástica de la tradición budista) y en ella se acometen retos desmesurados, intensos. Y, por último, llega la fase del dragón, en que la acción de correr se proyecta hacia la influencia positiva sobre los demás; la culminación de este estado sería una quinta fase -la del “caballo de viento”- en que esa intención se identifica con la bondad.

Todas las fases tienen una caracterización simbólica de los estados de ánimo o percepción:

  1. Fase del tigre: conciencia plena sobre los detalles y técnica; son los primeros meses o años de práctica de la carrera en los que se adquieren las nociones técnicas y experiencia básicas. El momento de los principiantes y los primeros retos: distancias, ritmos, participación en las primeras carreras, marcas, etc.
  2. Fase del león: visión panorámica y del entorno; los conceptos técnicos se dominan, se ha adquirido una experiencia amplia y se corre para disfruta del contexto (lugar donde se corre, paisaje, compañía, conversación, etc.). El corredor ya es veterano y no presta atención a sus estadísticas ni a su cronómetro.
  3. Fase del garuda: desmesura positiva hacia la consecución de retos superiores. Se han corrido numerosas pruebas y distancias, a ritmos óptimos, y lo que se plantean son retos mayores sin atender a los tiempos: un ultra – maratón, correr distancias por encima de lo que se ha venido haciendo hasta el momento, etc.
  4. Fase del dragón: intención de beneficio a la sociedad y el prójimo. Se llega al estado pleno de conciencia del poder de la carrera a pie y se trata de beneficiar a los demás a partir de la experiencia adquirida: consejos, ayuda, transmisión de los beneficios de correr, organización de carreras benéficas, etc.

El desarrollo del libro pasa detenidamente por estos estados, con explicaciones teóricas y ejemplos.

La fase del tigre

Las similitudes iniciales entre la técnica de meditación centrada en la respiración, y en su influencia en el estado de ánimo, y la importancia de la misma en la práctica de la carrera son expuestas de forma repetida y acertada en el objetivo de esta primera fase del tigre:

“Al trasladar la mente a la respiración, estamos practicando atención plena” (página 37). “El proceso del guerrero comienza con el tigre, que es el principio de la atención plena, que lleva al contentamiento. Se trata de la fase en que trabajamos en la técnica, en prestar mucha atención” (página 68).

En relación con el significado de la respiración en la forma de correr, en el ensayo de Murakami encontramos ya algunos puntos de conexión:

“Corriendo por las calles, se puede distinguir fácilmente a los principiantes de los veteranos. Los que respiran a bocanadas cortas y jadeando son los principiantes, en tanto que los veteranos lo hacen de modo silencioso y regular” (página 113).

A propósito de esto, y coincidiendo con la época de polinización de arizónicas y cupréaceas en Madrid (unidas al aumento de contaminación actual), realicé un pequeño estudio de ritmos de entrenamientos comparados entre dichos intervalos de dificultades respiratorias (por encima de 4’50″/km) y el resto del año (por debajo de 4’45″/km):

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Creo que, dada la proliferación e incremento de intensidad de este tipo de alergias, puede ser este un dato y gráfico interesante para otros corredores.

Siguiendo con el libro, en esta parte del tigre se describen algunos paralelismos entre la técnica de meditación y algunos de los principios básicos a tener en cuenta cuando se empieza a correr.

Por ejemplo, se habla de la duración básica de la meditación en las primeras prácticas (“sesiones de veinte a treinta minutos”, -página 38-) que puede ser similar a la recomendable en las primeras prácticas de carrera continua. También puede ser interesante para los principiantes otra técnica que se recomienda:  “contar las respiraciones mientras corres” (página 83).

Sugerencias técnicas más avanzadas que pueden ser apropiadas para la mejora de técnica de carrera para todo tipo de corredores son otras de las que se exponen en la descripción de esta fase del tigre:

“(…) siempre vuelvo a la técnica que me parece más útil en meditación: sentir la conexión que, partiendo del ombligo y subiendo por el eje central, llega hasta la boca y las fosas nasales” (página 80).

“(…) visualizo las piernas empezando justo por debajo del esternón, en la parte superior del torso y por detrás, pues ahí es donde empiezan esos músculos flexores de la cadera que inician el movimiento de la pierna. Verlo de esa manera ayuda a integrar la parte superior e inferior del cuerpo” (página 82).

En algunos momentos, tras su lectura, he comenzado a aplicar algunas de estas técnicas (principalmente, la última relacionada). En concreto, creo que me fueron de alguna utilidad en algunos de los malos momentos del final del Maratón de Nueva York de este año.

Cuando describe las claves técnicas de la carrera paralelas a la meditación son interesantes algunas de las preferencias del autor, como, por ejemplo, evitar correr con música (“Aunque a veces la música pudiera parece muy útil, en última instancia cuestiona nuestra capacidad de estar presentes y encarnados” -página 93-) o centrarse en la abstracción e integración con el entorno (“Inspiramos el entorno y luego espiramos, mezclándonos con el entorno. El viento y el aire son parte de nuestra vitalidad física” -página 131-).

Más adelante realiza algunas reflexiones interesantes sobre la importancia de correr con compañeros, hablando (“Correr es un momento en que podemos relajarnos y estar con los amigos. La conversación forma parte natural e integral de esa experiencia” -página 228-; o “Parece que al combinar conversación y correr la gente se muestra más honesta con sus sentimientos” -página 229-) que aquí contrastan con las preferencias de Haruki Murakami del empleo de la carrera a solas para memorizar discursos y presentaciones. O, también, las de Juan Torca, el personaje de Leandro Pérez en la magnífica “Las cuatro torres” (leído en fechas simultáneas a las del ensayo del lama) que va repasando su lista de sospechosos y asuntos pendientes mientras va trotando por El Retiro preparándose para la Behobia – San Sebastián; en breve, la segunda novela del personaje.


La fase del león

La descripción de la fase del león es mi parte preferida de la obra.

Comienza con el alegato de la delicadeza en contraposición a la agresividad (“La agresividad es una solución a corto plazo para un problema a largo plazo. La delicadeza es persistente” -página 104-) y la traslada, inmediatamente, a la práctica de las carreras:

“La delicadeza nos permite acabar un maratón y no presionarnos pensando en el siguiente. La delicadeza es hacerlo sin más de manera que podamos hacerlo una y otra vez” (página 106).

En su ensayo, en esta dirección, Haruki Murakami explica como “mientras corro, simplemente corro. Como norma, corro en medio del vacío. Dicho a la inversa, tal vez cabría afirma que corro para lograr el vacío. (…) Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro se parecen a las nubes del cielo” -página 33.

Este “no pensar” común a ambos autores-corredores se plasma, a continuación, en algunos consejos prácticos, como la no preocupación por las marcas y tiempos (“hemos levantado una sólida base [en la fase del león], y sabemos como correr, de manera que podemos deshacernos del reloj y salir por la puerta” -página 69). También Murakami se refiere a esto cuando afirma que “correr largas distancias siempre había ido bien con mi naturaleza. Simplemente, disfrutaba corriendo” -página 21.

Especialmente interesante me parece la apología del disfrute del entorno y la salud (“disfrutamos de la naturaleza, de las calles y de estar vivos” -página 69-), que puede encontrar puntos en común con la filosofía estoica de Marco Aurelio: “Sólo se pierde el presente, que es lo único que podemos poseer”.

En relación con esta postura, una de las citas que considero útiles del libro a la hora de afrontar carreras o entrenamientos es ésta:

“La manera de evitar -mientras corremos- quedarse atrapado en un estado de ánimo negativo, pensando que se es débil o que no se está en forma, es considerarse uno mismo básicamente sano” (página 134), o “[al trasladar esa contemplación a una carrera], podemos subrayar lo afortunados que somos por poder correr, estar sanos, estar al aire libre o por haber encontrado una cinta para correr en buen estado” (página 163).

Estas enseñanzas en particular traté de ponerlas en práctica en el Maratón de Nueva York, que corrí inmediatamente tras la lectura de la obra.

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Ayuda, en este caso, el contexto de la carrera y la emoción de transitar por zonas bellas y muy animadas; especialmente, esos primeros tramos en Brooklyn, con Lafayette Avenue a la cabeza.

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En “De que hablo cuando hablo de correr” nos encontramos con esta misma filosofía en diversos párrafos:

“(…) no creo que haya mucha gente que corra a fin de vivir más. Más bien tengo la impresión de que son más numerosos los que corren pensando: No importa si no vivo mucho, pero, mientras viva, quiero al menos que esa vida sea plena” (página 110). O, “El simple hecho de tener un lugar donde poder correr cerca de casa por fuerza ha de hacer que me sienta afortunado” (página 98).

En mi caso, también disfruto de esa dicha de contar con un lugar tan hermoso como la Dehesa de la Villa, en la que habitualmente entreno, en la que la integración con el entorno es evidente y bella:

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En esta parte del libro se incluyen, asimismo, numerosas referencias a la convivencia con el dolor (“Correr es un deporte que va siempre acompañado de dolor; por eso nos da carácter” -página 141-, o “La relación con el dolor nos hace más intrépidos y felices” página 142-) que enlazan con uno de los lemas principales del ensayo de Murakami:

“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, depende de uno” (página 11).

Y se extiende a la utilidad en la relación con los demás (una primera aproximación a las fases últimas del dragón y del caballo de viento):

“Es muy útil considerar las experiencias de dolor como incentivo para relacionarnos con los demás. Todo el mundo sufre” (página 145).

Aquí se podría pensar, incluso, en la aproximación al dolor epicúrea: “los dolores deben buscarse si comportan placeres más grandes”.

También son prácticas las enseñanzas de esta meditación en la fase del león sobre el ego (tan acusado en nosotros los corredores): “En la fase del león es importante disfrutar de lo que hemos alcanzado, pero debemos dejar nuestros egos en la puerta” (pagina 159).

La fase del garuda

Se caracteriza por la desmesura en la forma de correr: ya somos competentes y podemos desafiarnos a nosotros mismos; todo ello, con espontaneidad y viviendo el momento. Aquí asoma la cita de Aristóteles: “No hay alma excelente que no esté libre de alguna mezcla de locura”.

El objetivo en esta fase es anticiparse a los problemas:

“(…) correr más allá de nuestros límites convencionales ayuda a expandir la mente. Utilizamos nuestras carreras garuda para trabajar con la mente y pillarla en falso antes de que se lance a ciclos de esperanza y miedo” (página 176).

Precisamente al narrar su experiencia con el ultra-maratón, Murakami explica como “al llegar al kilómetro setenta y cinco, sentí como si hubiera atravesado algo. (…) A partir de ahí, ya no necesité pensar en nada. Para ser más preciso, ya no necesité hacer el esfuerzo consciente de intentar pensar en nada” (página 153).

Una primera aproximación personal a esta enseñanza puede ser el rodaje de 25 km que practiqué el pasado 16 de diciembre en los bellos alrededores del río Manzanares en Madrid:

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También de fase garuda se puede interpretar la intensidad de mis entrenamientos en las últimas seis semanas, tras la vuelta a correr después de Maratón de Nueva York: casi 95 km a la semana a una media de 4’39″/km (22 km más a la semana y 10″/km más rápido que el año pasado); un hito.

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De esta parte de la obra me quedo con las reflexiones sobre la autoestima en contraposición a la ambición (“El aprecio y la autoestima son pues buenas cualidades que deberían cultivar los corredores competitivos como alternativas al impulso de la ambición” -página 195-.), que también tienen su reflejo en el ensayo del japonés: “si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ése no es otro que el tú de ayer” (página 24).

Asimismo, el fondo de esta fase es el de olvidar las obligaciones y objetivos y, simplemente, disfrutar (“La cuestión no es quién llegará a la meta, sino quién efectuará las más bellas carreras”, Michel de Montaigne, Los ensayos):

“(…) correr no tiene porque convertirse en una obligación más. En la fase del garuda hemos alcanzado muchas de nuestras metas. Tener más metas, más objetivos, solo complica las cosas. Ahora es el momento de relajarse. Corremos sencillamente porque nos gusta, no porque sea una carrera larga o porque hacemos intervalos, sino porque correr es en sí mismo la única ambición que tenemos” (página 198).

También Murakami se refiere a esto cuando, hacia el final de su ensayo, habla de que “lo importante no es competir contra el tiempo. Es posible que, en adelante, para mí tengo mucho más sentido saber con cuánta satisfacción correré esos cuarenta y dos kilómetros y hasta qué punto disfrutaré” (página 164). En línea del precepto de Cicerón: “Prefiero ser viejo menos tiempo que hacerme viejo antes de serlo”.

La fase del dragón


La última de las fases es la del dragón, en la que no se corre para uno mismo, sino para beneficiar a uno mismo y a los demás.

“El poder del dragón es la intención. (…) Eso significa que correr puede ser una potente incubadora de intención. Tener la intención de beneficiar a los demás cambia la estructura de nuestra conciencia” (página 220).

Como decía Marco Aurelio, “hemos nacido para colaborar entre nosotros”.

El autor reconoce la dificultad y aporta ejemplos centrados en la auto-ayuda:

“(…) hay otros tipos de pensamientos beneficiosos en que enfocarnos. Por ejemplo, si decidimos que queremos realizar un cambio en nuestra vida, correr y contemplar pueden ayudarnos a saber cómo llevar a cabo ese cambio” (página 209), o “(…) la confianza que extraemos de correr también nos puede ofrecer el coraje para disculparnos, cambiar de empleo o darnos cuenta de que algunos de nuestros hábitos erosionan nuestra integridad personal” (página 211).

Al final de esta breve parte del dragón, el autor aporta una siguiente, la del caballo de viento, que “consiste en comprendo que todos estamos dotados; todos tenemos algo que ofrecer” (página 240).

Quizá el mejor resumen de esta brevemente descrita fase es el mensaje de correr con una mente meditativa que lanza el autor:

“(…) no podemos seguir separando espiritualidad y vida cotidiana. (…) Podemos correr con esa energía de bondad fundamental” (página 242).

Que enlaza con el “Ocúpate y presta atención a un único deseo: ser bueno en todo momento, hagas lo que hagas”, de Marco Aurelio en “Las meditaciones”.

El desarrollo de esta parte del libro no es tan extenso como el de las anteriores. Como principales ensañanzas se pueden extraer el intentar involucrar a otros en las ventajas de correr, servirse de la práctica de la carrera para cohesionar gente y realizar actos relacionados con fines altruistas y beneficiosos.

En los últimos años, he intentado incluir en este conjunto de artículos algunos planes de entrenamiento (personales o estandarizados) y “empujar” a familia y compeñeros a la afición.

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No obstante, entiendo que esos principios superiores de esa última fase del caballo de viento más tienen que ver con la bondad intrínseca a partir de la práctica del correr. 

En la realidad, aunque en un estado quizá superficial, si es cierto que el disfrute de la buena forma y el entorno facilita, más que en otras situaciones, la comunicación sincera entre personas de muy diferente condición, sin afanes competitivos profesionales y con una actitud honesta, colaborativa, de ayuda mutua, optimista y ausente de traiciones, basada en la amistad y forma de compartir esta afición; esta es mi opinión al respecto de este punto, en función de las muchas relaciones y momentos compartidos en este contexto del correr en los últimos años.

Valoración personal de la obra

En mi opinión, las mejores cualidades de esta notable obra descansan en la descripción de la convergencia entre la meditación y la práctica de la carrera, así como en la explicación detallada y ejemplos de las tres primeras fases (tigre, león y garuda).

Como debilidades relativas destacaría una cierta reiteración en el análisis de algunos aspectos y una descripción más limitada de las últimas fases (dragón y la extensión del caballo de viento).

La edición es cuidada, tanto en la forma (encuadernado, textura, tamaño de letra, etc.) como en la traducción y revisión ortográfica y gramática (no recuerdo errores relevantes).

Por encima de todo ello, es admirable que se haya editado y publicitado esta obra en España. El acercamiento a estas enseñanzas, independientemente de afecciones religiosas o filosóficas, es muy interesante. A nivel personal considero que en ella existen aspectos de evidente aplicación en la práctica de la carrera, incluyo para un corredor veterano como yo.

En una escala de 0 (mala) a 5 (obra maestra), calificaría esta obra con un 4 (notable – sobresaliente). Recomiendo expresamente su lectura íntegra.

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2 pensamientos en “Las sinergias de correr

  1. Felipe Navarro

    Muchas gracias José Manuel por tu buen hacer , tengo por norma leer los libros que te parecen interesantes a ti , y a mi me va de maravilla , y de los planes de entrenamiento igual de lo mismo,aunque en mi caso con la experiencia de varios maratones pero….siendo motor DIÉSEL una brazo .

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