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Análisis detallado del impacto de la alergia al polen en los ritmos de entrenamiento

Introducción

En el anterior artículo, a partir de una muestra de 166 semanas de entrenamiento y un total de 12785 kilómetros recorridos, se analizaba la relación entre volúmenes (distancias recorridas), ritmos de carrera y peso controlado.

Mientras que en la combinación “distancias – peso” parece existir una relación directa, en las otras dos analizadas (“distancias – ritmos” y “ritmos – peso”) esta no era tan clara; sí lo es, en principio, la relación entre ritmos de entrenamientos y un cuarto factor: el efecto de la alergia al polen. Casualmente, estos mismos días, el blog patrocinado “¡Correr es de valientes!” de elmundo.es ha publicado un artículo al respecto, coincidiendo con el inicio de uno de los periodos de mayor impacto de las alergias (la primavera).

Como contexto de los datos estudiados, indico que padezco de alergia a dos tipos de polen que abarcan con su influencia una buena parte del año:

  1. Polen de cupresáceas, que se manifiesta, de forma irregular e intensa, entre noviembre y abril.
  2. Polen de gramíneas, cuyos efectos se concentran, de un forma regular y algo más moderada, entre mediados de mayo y finales de junio.

Los efectos de la alergia a ambos tipos de polen son, principalmente, de dos tipos:

  1. Rinitis nasal y picor de ojos, que dificultan la carrera pero no influyen de forma destacada en los ritmos; no obstante, es destacable la molestia de no poder, a veces, visualizar con claridad el recorrido como consecuencia de la sensación de lagrimeo en los ojos (especialmente, con temperaturas frías y en el entrenamiento de series o repeticiones a ritmos rápidos).
  2. Ligeras muestras de ahogo o asma, que sí tienen un impacto negativo en dichos ritmos de entrenamiento o de carrera, empeorándolos de forma más o menos clara y proporcionando, en general, malas sensaciones de carrera.

El primero de los efectos se puede mitigar a través de antihistamínicos (Mizolastina diaria, en mi caso). El segundo es más complejo de contrarrestar; aunque existen fórmulas, como los broncodilatadores, su uso debería ser muy excepcional.

El impacto de la alergia y esos efectos se estimaba en el citado análisis, de una forma preliminar y a “grosso modo”, en un empeoramiento del ritmo en, aproximadamente, 4 segundos por kilómetro; no obstante, estimaciones previas indicaban una influencia incluso mayor, de entre 7 y 8 segundos por kilómetro.

Aprovechando la dimensión de la muestra, en este artículo se realiza un análisis más detallado, depurando algunos datos y enriqueciendo la metodología empleada, para centrar aún más esa posible horquilla de impacto en ritmos.

Quiero destacar, previamente, que estos datos y estimaciones son exclusivamente aplicables a mi caso particular, en función de mis rutinas de entrenamiento, constitución física, afección concreta a dicho polen, etc., y que pueden ser distintos, lógicamente, en el caso de otras personas; por lo tanto, los siguientes datos y conclusiones se exponen a nivel meramente orientativo.

Metodología

  1. Se toma la muestra inicial de 166 semanas de entrenamientos comprendidas entre la primera de enero de 2014 y la final de marzo de 2017 (un total de 12785 kilómetros).
  2. Se identifican de forma específica, a través de los datos de la web www.clinicasubiza.com, las semanas concretas en que existen niveles significativos de ambos tipos de polen, tomando como criterio la existencia en la misma de, al menos, dos días con un nivel de concentración de alguno de ellos de, al menos, 20 granos por metro cúbico.
  3. Se eliminan de la muestra del análisis las semanas de entrenamiento en las que el impacto en los ritmos se debe, principalmente, a otros factores como los siguientes:
    1. Lesiones o enfermedades, tanto en los periodos de impacto de las mismas como de recuperación posterior.
    2. Recuperación de pruebas de gran esfuerzo (maratones o medias maratones corridas a ritmos intensos).
    3. Rodajes en condiciones especiales (principalmente, entrenamientos en la playa en época de verano).
  4. Para las semanas de entrenamiento resultantes se estiman los ritmos medios ponderados (o sea, teniendo en consideración las distancias relativas recorridas y no solo la media aritmética de los ritmos).
  5. Asimismo, se marcan, en rojo, para ambos casos (semanas con impacto de alergia y sin ella) los ritmos que sido peores que la media general.

Principales datos

Se detallan en la tabla siguiente y se resumen en:

  1. Muestra resultante de 136 semanas de entrenamientos entre la primera de enero de 2014 y la última de marzo de 2017, tras depurar aproximadamente una treintena de semanas de la muestra original, con los siguientes datos totales:
    1. 10953 kilómetros de distancia entrenada, con una media de 80 kilómetros corriendo a la semana (que eran 77 kilómetros semanales en la muestra original sin depurar).
    2. A un ritmo medio de 4’42” por kilómetro (4’44” por kilómetro en dicha muestra original).
    3. Para un total de 859 horas corriendo.
  2. Identificación específica de las semanas de ese periodo en que hubo impacto significativo de polen y en que no existió, resultando, precisamente, un 50 % de cada caso:
    1. 68 semanas con impacto significativo de polen de cupresáceas o gramíneas.
    2. 68 semanas sin impacto significativo de los mismos.
  3. Análisis, por lo tanto, de:
    1. 5521 kilómetros de entrenamientos incluidos por la alergia al polen.
    2. 5432 kilómetros realizados en periodos sin dicho impacto.
  4. Con unos ritmos medios ponderados en cada caso:
    1. 4’45” por kilómetro en los periodos de impacto de la alergia al polen (vs la media general de las 136 semanas de 4’42” por km).
    2. 4’39” por kilómetro en los períodos sin concentraciones de polen significativas (ídem. anterior).
  5. Y con un total de 63 semanas de las 136 en que los ritmos fueron peores que la media (un 46%), de las que 42 (66 %) fueron de altos niveles de polen y 21 (33 %) de niveles poco relevantes.

Principales conclusiones

En función de este análisis, la metodología empleada y los anteriores datos:

  1. La mitad de las semanas del año se manifiestan, en mi caso, los efectos de las alergias citadas.
  2. En dos terceras partes de las semanas en que mis ritmos son peores que la media la concentración de polen es significativa.
  3. El impacto negativo de la alergia al polen en mis ritmos de entrenamiento se puede estimar, en mi caso, de 6 segundos por kilómetro, aproximadamente (4’45” por kilómetro vs 4’39” por kilómetro).
  4. En más del 60 % de las semanas en que existe alta concentración de polen mi ritmo de entrenamiento es peor que la media habitual.
  5. En cerca del 70 % de las semanas en que no existen impactos de alergia al polen mi ritmo de entrenamiento es mejor que la media habitual.

Contrastes recientes

Aprovechando la preparación del Maratón de Barcelona 2017 (12 de marzo pasado) y la de estos días para el Maratón de Madrid del próximo domingo 23 de abril, presento un contraste interesante del efecto estimado, basado en los siguientes datos de entrenamientos realizados exactamente en el mismo lugar (circuito de la Dehesa de la Villa):

  1. Entrenamientos del fin de semana del 25 y 26 de febrero (a dos semanas del Maratón de Barcelona) en días con sendos niveles muy elevados de polen de cupresáceas de, respectivamente, 650 y 350 granos por metro cúbico:
    1. Rodaje largo del sábado: 17,37 km controlados a una media de 4’34” por km.
    2. Repeticiones del domingo: 7 x 1000 m a una media de 3’58” cada una.
  2. Entrenamientos de este fin de semana del 15 y 16 de abril (a una semana del Maratón de Madrid y con un volumen y calidad de entrenamientos previos similar a la de Barcelona antes indicado) en días sin niveles de polen significativo, según mis percepciones a falta de la publicación de los datos definitivos:
    1. Rodaje largo del sábado: 17,40 km controlados a una media de 4’27” por km; es decir, 7 segundos por km mejor que en la referencia similar previa al Maratón de Barcelona del 12 de marzo y en línea con la estimación antes realizada.
    2. Repeticiones del domingo: 6 x 1000 m a una media de 3’49” cada una; es decir, 9 segundos por km mejor que en la referencia y ligeramente superior a la estimación (probablemente, debido al muy elevado nivel de polen en ese día).